Si digo que no quiero aceptar tus propuestas sexuales, me vuelvo fea…
Ayer en la oficina me avisaron oficialmente que mi “rating” está bajando.
Imagínate no he aceptado salir con otros compañeros, no he accedido a tener sexo por no tener otra mejor cosa que hacer, no acepté agacharme sobre mi escritorio para que me hicieran algo…
¡Oh no…!
Estoy dejando de ser aceptada, bonita, que triste.
Buscando la aceptación de… nadie, ni en el trabajo, ni dónde vivo, ni en las escuelas de mis hijos. Y no, no tengo pensado verme joven por siempre y tampoco tener un cuerpo atlético.
Pero claro, estamos sentenciadas a la amenaza de que nos quedaremos solas y viejas, así que mejor seguir siendo obedientes y sumisas.
Inmediatamente que una mujer alza la voz para exigir sus derechos “comienza a ser fea”.
Así en las caricaturas de antaño en donde a las sufragistas se les tachaba de mujeres viejas y horribles, entonces no tenían opción más que… exigir el voto, irónico.
Entonces tendré que resignarme a perder mi popularidad. No sé si pueda sobreponerme a ese comentario sexista, pero lo intentaré.
¿A ti te ha pasado?











