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Una vez leí la historia de un sapo adentro de una olla que se iba acostumbrado a la subida del calor del agua , no hacía nada ya que no se daba cuenta, hasta que moría cocinado .
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Yo me pregunto: ¿cuántas veces he sido yo ese sapo? Hasta disfrutando el agua hirviendo, mientras mis extremidades se debilitaban y mi razón se nublaba. Porque nos acostumbramos a la incomodidad, al dolor, al mal olor, al maltrato.
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