Mi experiencia con el cáncer de mama fue muy significativa, mis primeras interacciones con el área médica fueron de cero empatía, no podía atenderme en un hospital particular así que tenía que hacerlo en un instituto de salud pública.
En la segunda revisión el doctor me dijo que no tenía muchas posibilidades que siendo hija y nieta de mujeres que habían padecido cáncer de mama no veía muchas esperanzas.
Se programó la operación hasta que tuvo agenda y ese día no se presentó y el procedimiento lo realizó alguien que jamás vi. Salí ese día después de la cuadrantectomía. En este momento me sentí muy vulnerable, no podía ni vestirme ni ir al baño sola.
Providencialmente salieron los bordes libres; es decir, con lo que quitaron fue suficiente, tuve que pasar horas esperando revisiones y las curaciones debido a quitar mal el recolector de sangrado.
Las opiniones médicas eran contradictorias, hasta que hice un alto y pensé ¿Qué quiero yo?
Había librado el cáncer con una operación a tiempo, había olvidado el miedo que sentía de pensar que iba a dejar a mis hijos e hijas solos, pero ¿cómo quería llevar mi tratamiento?
Leí muchísimo del tema, de alimentación, de meditación, decidí no volver a tratarme con ese médico que tuvo la sensibilidad de un chivo en cristalería.
Ahora hago mi seguimiento, estoy al pendiente de mi salud tanto física como mental, hago actividades que realmente disfruto y me alejo de las personas que tienen empatía cero.












