
Hoy nadie puede ver un moretón en mi ojo, ni mi cuerpo lastimado, ni el dolor que siento en él. Y sin embargo, con dolor emocional sigo adelante.
El padre de mis hijos, por su parte, puede tomar la libre decisión de no ser responsable, de no darles alimento, ni ropa, ni zapatos ahora que les crecieron los pies, ni chamarras ahora que se siente más frío. También, puede no hacer las tareas, no comprar el equipo de computo ahora que toman clases en línea, ni pagar la luz ni el internet. Puede estar ausente y a él no le pasa nada.
Tomo la responsabilidad de cubrir todas las necesidades económicas y emocionales de ellos, con lo que ello conlleva y eso es lo esperado, lo normal, ¡pero no! es una traición a sus hijos, no a mí. Es una herida a su corazón, un daño que se siente en el cuerpo, en la mente, porque el señor tiene agenda, tiene prioridades, tiene un autoestima muy elevada y nadie le va a decir qué hacer.
Y en su derecho se puede retirar sin importar nada ni nadie salvo él mismo.










