Tuve oportunidad de ir a Los Cabos, mi corazón se llena de emoción, cuando el desierto toca el mar, me recordó tanto a Sonora, dentro de mi había dos corazones el de la ciudad de México y de Sonora.
Escuchando el mar, viendo los amaneceres, lo anocheceres repletos de estrellas, unos instantes de paz total, en dónde la crisis, las prisas, los miedos, desaparecieron. Cómo puedo mantener ese sentimiento dentro de mi alma? Me di cuenta de muchas cosas: primero que había perdido el sentido del porque hacía mi trabajo, después que había olvidado sentir gratitud, dejé de sentir asombro.
Logré conectar con mi alma, pude disfrutar todo, la comida, el calor, las complicaciones, las inquietudes de los hijos, sentir la familia, ganas renovadas, alegría, paz. Hace tanto no experimentaba estás sensaciones. Desde que dejé la mitad de mi corazón en Sonora. Uno quiere volver al lugar en dónde fue feliz, en definitiva yo quiero regresar.
Poder compartir estás experiencias con quién más significa en mi vida fue un regalo de Dios.











