Muchos niños y niñas están frente a un ordenador aproximadamente 6 horas, sin poder platicar con los compañeros de las bancas de los lados, sin sol, sin recreo en cualquier condición que medio se haya adaptado para este fin. De igual forma los maestros están haciendo historia ya que con sus recursos y su creatividad están siguiendo los temas.
Desde mi particular vivencia mis hijos mayores se han adaptado, se quedan con mi hermana que también ahora es maestra, el menor todos los días va al hospital conmigo, sentado en un sótano rodeado de adultos, y rifándose cómo héroe, yo cómo triple heroína, madre, trabajadora, medio maestra, consultora, negociando, llevando a un equipo grande de trabajo, haciendo jugos y comida sana, durmiendo cuatro o cinco horas al día.
El papá decidió que el no puede, su trabajo es demandante y yo debo resolver que hacer con ellos y como hacerlo. Y si, estoy furiosa, la inequidad me encabrona, el que no de pensión me encabrona, el que invalide mi responsabilidad laboral que no sea importante y sólo la de el si, me encabrona, que sea invisible los esfuerzos titánicos que hacemos muchas mujeres, me sigue doliendo, tenemos que tejer redes de apoyo las uñas con las otras para disminuir esas desigualdades, distribuir esas cargas, descansar, reír, bailar, dormir, leer y poder escribir…Si las clases en línea me tienen harta, y más me harta que existan padres que no son responsables, no comparten obligaciones.











